La belleza y el arte siempre han estado presentes en la experiencia espiritual de Francisco de Asís como elementos medulares. El mundo de los juglares lo sentía como propio. Un momento decisivo de su discernimiento espiritual tiene lugar ante un icono inspirado en el arte oriental-sirio: el Cristo de San Damián. El Cántico de las creaturas es el primer poema lírico en lengua umbra. En sus Alabanzas al Dios Altísimo repite por dos veces, refiriéndose a Dios: “Tú eres belleza”.

 

Centro cultural Hermana Luna

Hermana Luna es un proyecto animado por la convicción de Francisco de que Dios es la belleza suma, más aún, belleza originaria y originante y que por tanto el arte, en sus múltiples expresiones, es un camino privilegiado que conduce a él. El arte evangeliza porque es apertura a ese trasfondo de lo finito que llamamos Dios y porque en la obra artística adviene el acontecimiento de la verdad con la cual Jesús mismo se identificó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. En cierto sentido el artista es un místico y su obra propone una experiencia mística —¿acaso no fue mística la experiencia de Francisco ante esa obra de arte que es el Cristo de San Damián?— porque el artista trata de hacer visible o audible lo que los demás no perciben. “En el arte tenemos entreabierta una puerta inmanente a la absoluta trascendencia de Dios” (P. Castelao). Vivamos esa mística de ojos abiertos que es la experiencia estética y entonces podremos comprender por qué Dostoievsky decía que la belleza salvará al mundo. Y sobre todo qué belleza es la que salvará al mundo.

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